De entrenadores, campus y Verano – Alvaro David Gijón López

En casi quince años, llevo más de veinticinco campus como organizador y otros tantos como entrenador, desde el primero que realicé he visto cómo se han ido incrementando el número de campus urbanos en nuestra comunidad, casi tanto como el número de clubes, equipos o licencias en los últimos años; la demanda entonces era posiblemente superior a la oferta, ahora ya la oferta supera la demanda. El campus clásico era mezcla varios deportes o actividades, primando la diversión a la formación técnica y la práctica de ejercicio físico. En estos diez años el modelo de campus se ha ido especializando más en la disciplina deportiva, en nuestro caso el baloncesto, que al fin y al cabo es lo que busca el que juega habitualmente al basket.

Hace ya unos doce años, en el que era mi segundo campus como director técnico del CB. Tres Cantos y con la colaboración de Luis Guil “innovamos”, mantuvimos el modelo de diversión, ampliando las horas de tecnificación e introduciendo experiencias con jugadores conocidos, más sesiones de baloncesto en inglés, piscina de verano,…; aún no era campeona del mundo España, cuando su capitán Carlos Jiménez ya venía a sudar la gota gorda con los alumnos del Campus. Este modelo de campus o similar, en el que se asociaba un “nombre de un jugador” o al de “una marca” en un campus en Verano, solo lo usaban equipos ACBs o marcas deportivas como Nike (JC Navarro) o Adidas, hasta la fecha no era muy habitual asociar el nombre de un jugador o incluso entrenador a un campus de Verano, al menos en Madrid, en Cataluña las leyendas de la Penya si lo tenían ya asentado (los Jofresa, Margall,…). Este modelo, “innovado” por el CBTC , hace unos seis años, acabó despertando el interés de la marca “Gigantes del Basket”, para más o menos franquiciar este modelo de campus (a día de hoy cuatro sedes en Madrid y varias por toda España), despertando el interés de la misma marca “NBA” durante un par de años.

En los últimos años, son muchos los clubes, o entrenadores que han visto la posibilidad de generar un dinero extra, en una actividad de postemporada aprovechando la cantidad de jugadores de su entorno interesados por un lado en mejorar diferentes detalles del basket, y por otro para no estar tirados todo el día en el sofá, más si se apunta algún amigo. A este carácter emprendedor de clubes y entrenadores, se les suma desde hace menos años, jugadores muy reconocidos, que comienzan a ver en los campus una posibilidad de crear o engrosar su “marca personal”, darles un feedback a sus marcas deportivas y patrocinadores y en menor medida una posibilidad de negocio para ellos de forma directa, aunque son sus agentes o familiares los que hacen el “business” que aprovechan “la marca” de la estrella de la familia.

Como director deportivo puedo afirmar que la instauración de un campus de verano puede generar beneficios a los clubes, configurando una fuente extraordinaria de financiación (para el club y para los entrenadores), aunque generando mayores beneficios deportivos que económicos, siempre que esté bien programada la labor técnica, ya que supone el crecimiento técnico y personal para jugadores y entrenadores.

La organización de un campus de verano no es tan sencilla como parece, al menos si se hace de forma seria: alquiler de instalaciones, seguros de RC y accidentes, contratos de entrenadores,…, respeto a la legislación en la materia en cuanto a ratios de entrenadores por alumno, titulaciones diversas, obligaciones fiscales, pago a proveedores, …. El modelo ideal de Campus, que cambia en función a las metas marcadas, debiera de ser el de campus que ofrece diversión y formación a los alumnos, donde se sienten bien atendidos por buenos entrenadores técnicamente y por personas con carisma, generadoras de buen rollo,  y en el que además hay buen número de alumnos, el suficiente para que haya grupos igualados de trabajo, donde fidelizar amistades o ampliarlas, permitiendo incluso realizar competiciones donde poner a prueba los conocimientos adquiridos. Por ello son varios clubes que tiran de la comercialización del campus para captar alumnos o bien se generan colaboraciones de clubes, donde la diversidad de la procedencia de los alumnos motiva y garantiza el éxito deportivo y social siendo alumnos de varios clubes los que acuden a un mismo campus.

Desde el punto de vista formativo es donde se encuentra el principal valor de estas actividades, el enriquecimiento técnico y personal del jugador, pero también del entrenador que tiene una labor de I+D y desarrollo personal con el reto de fidelizar a los alumnos para el futuro, mezclando diversión y tecnificación; esto por supuesto dependerá  del modelo de campus, del número de alumnos,  de los conceptos a trabajar, de la calidad de los entrenadores, de la cantidad de horas y en menor medida del nivel técnico de los jugadores, el trabajo técnico a realizar suele suponer en una sola mañana el equivalente para el jugador de lo que suele trabajar de media durante un mes en su club de fundamentos individuales, en una semana puede suponer un refuerzo de más de veinticinco horas de fundamentos individuales que puede ser el equivalente a lo que trabaja durante 40 sesiones de entrenamiento en su club y dependiendo de qué tipo de club.

El alumno tipo de un campus de verano, suele tener dos objetivos el primero pasárselo bien, divertirse, ir con amigos o conocer amigos nuevos y evitar así la desidia del sofá y si encima pueden competir mejor que mejor, así como disfrutar de experiencias; el segundo, con el fin de no perder la forma adquirida durante el año y llegar a la pretemporada siendo un poco mejor que como ha finalizado la anterior, coger confianza y fidelizar o aprender fundamentos individuales. Hay jugadores que realmente solo tiene un objetivo que es el de mejorar y buscan campus más específicos donde les aseguren mejorar técnicamente, lo que a un nivel superior sería un “work out” de baloncesto, donde pulir fundamentos y optimizar la eficiencia. El hecho de que en los campus haya visitas o que sea referencia un jugador reconocido, dota de un plus al alumno que quiere estar cerca de su ídolo y que le sirve de referencia, personal con su experiencia desde niño con el baloncesto, y deportiva por como juega, con quien juega, donde juega,…

El entrenador, puede tener una motivación económica para trabajar en un campus, ya que carece de ingresos habitualmente durante el verano, por la falta de profesionalización (laboral), pero rara vez no hay vocación o ganas de mejorar.  En su labor tiene que guiar al alumno a alcanzar sus objetivos, priorizando la diversión y el aprendizaje (lo que demanda el cliente), ahí es donde la personalidad del entrenador puede entrar en conflicto cuando no se adapta, por eso es importante seleccionar bien los campus en los que trabajar, porque el alumno no deja de ser un cliente al que hay que fidelizar porque si no, no vuelve; por poner un ejemplo: la disciplina y la diversión pueden ir de la mano, pero ¿qué entiende el jugador por diversión y qué es lo que entiende el entrenador?. Está claro que la “repetición” es necesario en los entrenamientos para mejorar y la repetición no deja de ser un término opuesto al de diversión, sin embargo la “diversidad” y la diversión si pueden compaginarse, este ejemplo pone de manifiesto que el entrenador en un campus, tiene que adaptarse a su jugador y ser capaz durante horas de ofrecer alternativas para “repetir” y mejorar con variedad, regateando al aburrimiento de las rutinas repetitivas, sin dejar de avanzar, y así de esta forma se ve obligado a planificar e innovar, utilizando ejercicios menos habituales en su agenda o incluso obligándole a ampliar esa agenda; por eso junto a la interactuación con otros entrenadores dentro del campus (cuantos más alumnos más monitores), expongo que son una oportunidad para mejorar como entrenadores, para desarrollar y adquirir conocimientos trabajando de forma directa con alumnos y con otros entrenadores, por eso pienso que es importante para el desarrollo de un entrenador la realización de ese tiempo extra en verano, que si encima puede ser remunerado , mejor que mejor.

Por eso, concluyo, el verano es una gran oportunidad para el entrenador, que tiene la obligación de seguir mejorando desde la teoría, para reciclarse y organizar ideas, desarrollar planificaciones y formarse, bien practicando o bien cursando estudios, o bien con la investigación personal, con lecturas, visionado de videos, clínics, etc, o bien desde la práctica, en campus, sesiones de tecnificación, clínics,…. El entrenador, por veterano que sea, tiene la obligación de seguir aprendiendo siempre, para consolidar ideas, para actualizarse en contenidos y metodologías, para en definitiva estar a la vanguardia y no quedarse atrás, por eso que mejor forma de “crecer” que la oportunidad que nos brindan a los entrenadores los veranos, donde tenemos menos carga laboral, académica o de estrés pudiendo llevar a cabo ese aprendizaje sobre un terreno de juego, ejerciendo la labor de entrenador en un campus de baloncesto.
Alvaro David Gijón López

 

 

 

 

 

 

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