Jugamos Fortnite? – Sergio Perela

Dos temporadas he pasado llevando, humildemente, un equipo de niños que hoy, cuando la famosa conciliación me ha llevado a tener que decirles adiós, ya no son tan niños. Y lo descubrí el fin de semana pasado, cuando me acerqué a ver la segunda parte de uno de sus primeros partidos de liga. La idea era saludar, animar….pero hay que reconocer que también dentro de mí albergaba la sensación de que de alguna manera podrían echarme de menos. Y nada más lejos de la realidad.

El final de la temporada pasada fue duro para todos porque se hizo larga. Había empezado a trabajar con ellos cuando tenían diez años recién cumplidos. Un grupo de chavales de un barrio obrero, mi barrio; amigos de toda la vida y que llevaban jugando juntos la mitad de su vida. Nunca se había trabajado con ellos seriamente, todo había sido más un ‘poneos a jugar y ya saldrá algo’. Y nos propusimos trabajar la técnica individual. Como además el grupo era pequeño, habría más facilidad para prestar a cada uno la atención que requería. Y todo funcionó hasta que, a mitad de la temporada pasada, decidimos que podía ser el momento de introducir la táctica. Algo sencillo, movimiento sin balón y en torno a él para que todos supieran cómo, dónde y haciendo qué tenían que estar en cada momento. Fue un caos. Buscamos varias formas y ejemplos, pero no conseguimos más que bloquear a muchos de los niños.

Ir el otro día a la cancha y ver cómo algunos de ellos, algunos de los más espesos habían terminado la temporada, acometían el uno contra uno; la energía que desplegaban por toda la cancha, con ganas de comerse al rival. De repente, hasta veías que los más desordenados recapacitaban y recuperaban la posición defensiva. No voy a negar que me alegré, pero que el punto de dolor estaba ahí.

Quizá alguno de vosotros sepa que el videojuego que ahora mismo está rompiendo todos los números, de recaudación y de jugadores simultáneos, en todas las casas prácticamente del planeta se llama Fortnite. Es, explicado rápidamente, un todos contra todos en el que además de armas para eliminar adversarios, puedes ir construyendo estructuras en las que encaramarte o tras las que parapetarte y defenderte. Tan importante es apuntar bien como saber cuándo y cómo construir. Todos mis niños, que internamente lo siguen siendo, juegan Fortnite. Y hoy me doy cuenta de que quizá yo también jugué Fortnite con ellos. Me explico.

Me preocupaba especialmente que a ninguno le pasara lo que a veces me pasó a mí como jugador: que no tenía claro qué tenía que hacer en algunos momentos. Yo necesitaba guía. Era de los necesitaba instrucciones para montar el juego en mi cabeza y entenderlo. Y muchas veces me sentí huérfano de entrenador. Sin embargo tengo la sensación de que quise construir demasiadas protecciones para ellos, pero no dejé que ellos las formaran. Y un exceso de instrucciones puede coartar en la misma medida la creatividad innata en cada uno de ellos. Quizá castré su toma de decisiones.

 

Es posible también, no sólo se trata de flagelarme, que en su crecimiento natural ninguno de ellos fuera el niño que yo conocí con diez años. Ahora todos tienen trece y en algún momento han empezado a diseñar y mostrar sus propias personalidades. Pero no quita que siga preguntándome hasta dónde debí haber construído o escrito su manual de instrucciones y desde dónde debí haberles dejado crecer por sí solos. Tal vez les privé del derecho a fallar y del deber de encontrarse en la cancha.

No sé si es más difícil eso, trabajar en la base midiendo con cada crío lo que su personalidad necesita, o que LeBron haga a los Lakers campeones. Pero sospecho que de lo segundo hablaremos en otro momento y seguro que más, aunque realmente creo que importa mucho menos.

Sergio Perela: @sperela

 

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