La situación que vivimos los entrenadores – Pol Velázquez Coca

Hace unas semanas, hacia medianos de agosto, me sumé a la actual tendencia de expresar una opinión a través de un hilo en la famosa red social Twitter. Éste tenía el objetivo de generar una reflexión al respecto de la actual situación que vive la figura del entrenador de baloncesto, y de cualquier deporte de formación en general, a día de hoy. Dicho hilo tuvo una repercusión mayor de la que esperaba, motivo por el cual contactaron conmigo para que escribiera este artículo de opinión – con el debido respeto y modestia, si es que realmente puede considerarse como tal – y expusiera con mayor elocuencia todos mis argumentos.

Os adjunto el enlace del tweet para que podáis entrar en contexto: https://twitter.com/pol_velazquez/status/1030177543536685056

Para empezar, me gustaría aclarar que la situación del inicio del hilo es un gancho para atraer al lector a echar un vistazo al contenido que expuse. Muchísimos compañeros han hecho escritos al respecto de los conflictos y las situaciones que se generan en el ambiente de los deportes de formación en las relaciones familia-entrenador, por lo que no es un tema en el que voy a centrarme en este artículo. Mi objetivo, pues, es el de denunciar la situación económica que vive el entrenador, sobretodo el de formación.
Analizando las muchas respuestas que obtuve, puedo decir que no me sorprendió demasiado el estado actual de la cuestión, puesto que las reacciones que se generaron eran las esperadas. Aun así, me gustaría dejar claro que el objetivo de mi exposición no es privatizar el deporte, ni tampoco cargar contra las familias, sino simplemente generar una concienciación sobre lo que supone entrenar, y todo lo que acarrea en horas que no son visibles y en responsabilidades, a fin de ganar fuerzas y poder conseguir, entre todos, unas condiciones más dignas. Dicho esto, las reacciones negativas al hilo de aquellos que no han entrenado son de esperar, por el mero hecho de que no conocen la realidad que se vive. Por el contrario, lo que sí es preocupante son aquellas reacciones en contra de lo que denuncié por parte de compañeros entrenadores. Con ello planteo la primera pregunta de este escrito: ¿Entrenar equipos de baloncesto es un hobby? Mi respuesta a la pregunta es un no rotundo. No, por todo lo que implica. Evidentemente entrenar debe apasionarte, y en la mayoría de entrenadores esto ocurre. Ahora bien, que entrenar te apasione no lo exime de ser lo que es: trabajar con niños/as, chicos/as o hombres/mujeres. El trabajo debe ser remunerado, no porque lo diga yo, sino porque es un derecho. Nos pasamos toda la vida diciendo a los niños/as que deben estudiar para trabajar de aquello que les guste, y curiosamente algunos utilizan la premisa del: “Es muy egoísta por tu parte exigir que se te pague más por entrenar, que es lo que te gusta”. ¿Menuda contradicción, no? Parece que por el hecho de que te guste tu trabajo, no se te deba pagar por ello; porque, claro, es tu pasión… Nótese la ironía amigos. Y sí, muchos pensaréis que durante muchos años esto ha funcionado así, y que por ende es lo que toca. Con toda sinceridad pienso que es un error, motivación por la cual he escrito estas palabras, para hacer entender que si todos los que formamos parte del colectivo no vamos a una y nos hacemos valorar, nadie lo hará.

Para todos aquellos que de alguna manera estéis relacionados con el mundo del baloncesto – o del deporte de formación –, aunque sea indirectamente, y no seáis conocedores de lo que supone el ser entrenador, voy a tratar de ilustraros de la mejor manera posible sobre ello, con el objetivo de que comprendáis el motivo de esta reivindicación.
En primer lugar, hablemos de la implicación que supone. Cuando aceptas entrenar a un equipo lo primero que debes tener claro es que no tendrás horarios fijos. Sobre el papel entrenarás, por ejemplo: lunes, miércoles y viernes de 17:00 a 18:30 y jugarás los sábados por la mañana. Siempre que sean equipos de mini-basket. Cuando empiezas a entrenar cadetes, juniors, etc. sueles entrenar más tarde y los horarios de los partidos varían cada fin de semana, teniendo en cuenta que probablemente realices sesiones de físico y/o tecnificación, entre otras. Ahora bien, veamos realmente la dedicación que supone en “unseen hours” – horas no visibles, traducción literal de este concepto americano –: Cualquier entrenador/a que se precie mínimamente de su trabajo dedica horas a la planificación de los conceptos – tanto técnicos, como tácticos, como socio-afectivos – que trabajará durante la temporada, con más o menos empeño en ello, pero lo realizará. Lo mismo ocurre con la preparación de las sesiones. Con tal que los chicos/as aprendan mientras juegan y disfrutan del baloncesto, es necesaria una preparación previa de las sesiones de entrenamiento, y esto ocupa más tiempo del que parece si se hace de forma adecuada. De la misma manera que lo requieren las reuniones que se realizan por parte del club durante la temporada, las formaciones, las reuniones con las familias, el tiempo individual que dedicas a los jugadores/as, la logística de material y desplazamientos, y así un largo etcétera. Motivo por el cual las horas de implicación se ven multiplicadas de manera exponencial. Y más ahora con la implementación del whatsapp, herramienta muy útil utilizada con cabeza, pero que puede convertirse en una pesadilla si quienes tienen tu contacto no respetan tu vida personal. Como se deduce de esto, no tienes horarios, eres entrenador las 24h. Algunos dirán: “Si no te parece bien aceptar estas condiciones, no las aceptes”, y mi respuesta a esto es: “Yo acepto estas condiciones, pero que se me pague por ellas”, simple y claro.
En segundo lugar, hablemos de la formación que se requiere para entrenar. Para hacerlo más entendedor me tomaré la libertad de compararlo con otras formaciones. Dicen que las comparaciones son odiosas, vosotros seréis quienes lo valoraréis.

Empezaremos por compararlo con nuestros vecinos del sector, los árbitros, este colectivo tan criticado en las graderías, bares, casas… que muchas veces es objeto de menosprecio. Señoras y señores, en Catalunya el curso de iniciación al arbitraje cuesta 50€, y el curso de nivel 0 de entrenador – que te permite entrenar hasta la categoría infantil –, 200€. Esto sin añadir que el curso de arbitraje lo realizas una sola vez, y no se te exigen más cursos – cabe añadir que hacen formaciones internas, eso sí: no quiero dar a entender que los buenos árbitros no tienen una formación adecuada –. En cambio, si quieres seguir entrenando categorías mayores, se te exigen titulaciones de nivel 1 – que tiene un precio de 400€ – y nivel 2 – con un precio de 500€ –. Con esto no quiero criticar el precio de las formaciones, puesto que estas son de una excelente calidad y con grandes profesionales que las imparten y que merecen ser compensados como tal. La cuestión es que por iniciarte a arbitrar pagarás 50€, y si pitas solo los sábados por la mañana de 9:00 a 13:30, te llevarás alrededor de unos 220€ al mes. No es que sea gran cosa, pero por cuatro mañanas al mes sale rentable. Si pasas a pitar también por las tardes y asciendes de categoría esta cifra se multiplica, y mucho. En cambio, un entrenador que se inicie, pagará 200€ por su curso de entrenador nivel 0, y cobrará, con suerte, alrededor de los 100-120€ al mes por implicarse con todo lo descrito anteriormente en el primer punto del artículo. Esto sin añadir que el colectivo arbitral está regulado. Dicho esto, muchos os estaréis dando cuenta que a aquellos que tanto criticáis habitualmente, quizá estén haciendo algunas cosas mucho mejor que nosotros. En el apartado económico, como vemos, nos sacan años luz de ventaja. Y con ello lo que quiero dar a entender no es que los árbitros deban cobrar menos, ni que los cursos deban ser más baratos, sino que los entrenadores deben cobrar más por su trabajo, nada más ni nada menos.

Vamos con la segunda de las comparaciones, y esta será con un sector que nada tiene que ver con el baloncesto, pero que viene al dedillo para comparar, y es la profesión de mecánico. Actualmente las formaciones de entrenadores están reguladas por el Departamento de Enseñanza, con lo cual los niveles 1 y 2 están equiparados a las horas y a la titulación de un grado medio, y el nivel nacional de entrenador a un grado superior. Para trabajar como mecánico en un taller, actualmente se realizan formaciones profesionales de estos mismos grados, tanto medio como superior. Pues bien, para todos aquellos que consideran que un entrenador no debe cobrar más porque entrenar es lo que le apasiona, la próxima vez que vayan al taller a reparar el coche que le digan al mecánico que como su trabajo es también su pasión, no le deben cobrar por reparar su coche. ¿Verdad que os parecería una locura y ni se os pasaría por la cabeza? Pues con los entrenadores debería ser igual. Por lo tanto, debemos cambiar esta concepción que se tiene del colectivo. Aprovechando que he hablado de otras profesiones: personalmente he trabajado algún verano en alguna empresa de servicio, realizando tareas monótonas que no requieren de ninguna formación especial y sin ningún tipo de responsabilidad. Nadie dudaba que se me debía pagar por ello. Por entrenar, que es bastante más complejo y requiere formación y habilidades que no cualquiera tiene, saltan las alarmas cuando se exige que se te pague debidamente, parece una contradicción. ¿O me equivoco?

Seguidamente pasemos a analizar el apartado económico en sí, haciendo referencia a los sueldos que se cobran actualmente por entrenar. En el tweet mencionado anteriormente hice una aproximación de lo que se cobra por hora como entrenador. Hice cálculos teniendo en cuenta la referencia de 125€ euros/mes como sueldo medio que puede tener un entrenador de formación. Estos 125€ los dividí entre 24, que son las horas al mes que se entrenan y se juegan en total de forma aproximada – 3 entrenos por semana de 1:30h más el partido contabilizado como 1:30h, suman un total de 6h semanales, multiplicado por 4 semanas son las 24h –. El resultado de dividir 125€ entre 24 es de 5’2€ por hora. Como entenderéis, después de haber leído anteriormente todas las implicaciones de la figura del entrenador, estas 6h semanales no reflejan la auténtica realidad. Perfectamente podemos hablar de una dedicación que supone más del doble, e incluso el triple de esas horas por semana. Visto así, el sueldo por hora trabajada es ridículo.

Finalmente, hablemos sobre la posible solución al problema. ¿Es posible dar un vuelco a esta situación y conseguir dignificar económicamente la profesión del entrenador? En caso que así sea, ¿por donde pasa esta solución?
Personalmente, creo que la solución es multifactorial, es decir que depende de varios factores: El primero de los factores es concienciar a la gente, en especial a las familias de los jugadores/as, sobre la auténtica realidad de lo que supone entrenar. Que entiendan también, que los valores que les aportará el deporte, siempre que tengan a un buen formador, no se los aportará ninguna otra actividad – Inciso: El deporte en si no transmite valores, pero el deporte bien empleado es una herramienta excelente para transmitirlos, y no hay mejor manera de conseguir esto que un profesional bien preparado –. Seguro que de esta manera conseguiremos que nos valoren por lo que somos, profesionales. En consecuencia, entenderán que el deporte de formación debe ser considerado, como mínimo, con la misma relevancia que tienen otras actividades, como el inglés extraescolar que puse de ejemplo en el tweet. Si conseguimos esto, nadie dudará que el deporte de formación, con un profesional preparado a cargo de ello, tiene un precio que hay que pagar.

El segundo factor es institucional. Las instituciones deberían invertir más en actividad física y deporte. No hay mejor manera de promover estilos de vida saludables en la población que el hecho de disponer de facilidades para la realización de actividad física y deporte desde edades tempranas. No voy a exponer todos los beneficios de la actividad física, ni tampoco citaré estudios que relacionen de manera proporcional el hecho de realizarla con una mayor salud y bienestar, tanto físico como psíquico, puesto que es ya una obviedad. En lo que sí que haré hincapié es en el hecho de que aún existen niños/as que no realizan habitualmente ejercicio físico… y esto debe cambiar. ¿Cómo? Con mayor inversión en actividad física y deporte. Invertir en ello es invertir en mejorar la salud pública. Este hecho, en consecuencia, provocará que se paguen sueldos más dignos a los que trabajamos en ello.
En tercer lugar, quedan las organizaciones de los clubes y de federaciones. Al respecto de los clubes, solo puedo pedir que se intente gestionar el presupuesto de la mejor manera posible, apostando por dignificar el trabajo de los que forman parte de él, invirtiendo en darles un mejor sueldo. De esta manera, conseguirán entrenadores que se entregarán al máximo por el club, y con ello los harán más partícipes que nunca de los proyectos, consiguiendo, así, un bienestar y un sentimiento de pertenencia general por parte de todos que, al fin y al cabo, es el mayor logro de cualquier entidad deportiva. Respecto a las federaciones poco puedo aportar, puesto que son entidades privadas, con lo que en este aspecto poco podemos incidir.

Para cerrar mi exposición, voy a plantear una serie de conclusiones que espero que compartáis: De entrada, debemos cambiar la valoración que existe actualmente sobre la formación de personas mediante el ejercicio físico y el deporte, somos educadores, independientemente de la modalidad que entrenemos, y se nos debe valorar como tal. Si no empezamos por valorarnos nosotros mismos, nadie lo hará, y este es un cambio que debemos tener claro desde este mismo instante. En ningún caso abogo por la privatización del deporte, simplemente reclamo unas condiciones dignas para quienes trabajan en ello. Con tal de conseguirlo, es necesario que tanto familias, como instituciones y federaciones tomen conciencia sobre la precariedad económica que viven los entrenadores. Finalizo este escrito con una frase célebre: “Que las cosas hayan sido siempre de una manera, no implica que estén bien y que no deban cambiar”.

Autor: Pol Velázquez Coca

– Graduado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte en el INEFC de Barcelona.
– Entrenador de Baloncesto de nivel 2.
– Actualmente: Estudiante de Máster de Alto Rendimiento en Deportes Colectivos en el INEFC de Barcelona.
– Entrenador de Baloncesto en el Sant Quirze Bàsquet Club.
– Entrenador de Baloncesto del PDP (Programa de Detección y Perfeccionamiento) de la Federación Catalana de Baloncesto.

 

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