Zapatero a tus zapatos – Esteban Novillo

La pretemporada está más cerca de lo que parece, por eso quiero lanzar este pequeño recordatorio a padres y entrenadores.

En agosto y primeras semanas de septiembre todos son buenas intenciones: el equipo tiene muy buena pinta, el entrenador es un crack, los compañeros son muy buenos y hasta las equipaciones nos encantan. Pero el año es muy largo.

Empezaremos este texto por los primeros mencionados, una figura sin la que serían imposibles todos la mayor parte de clubes de baloncesto y quienes nos traen a sus pequeños a cada entrenamiento y partido. Con ellos, compartimos una etapa imprescindible en el desarrollo de sus hijos.

Cuando una familia lleva a sus hijos al colegio, no se meten (o no deberían) en qué materia imparten los profesores a los alumnos porque han puesto esta parte de su formación en sus manos. ¿Por qué cuando le apuntan a cualquiera de nuestros clubes no es así?

Si algún padre se engloba dentro de alguno de los siguientes grupos, que acuda a un especialista: padre ultra, padre frustrado, padre coach desde la grada, agente de su hijo, padre ‘que mi hijo esté ocupado y me deje en paz’ y padre paracaídas que ejerce una sobreprotección sobre su hijo. Creedme, si sois alguno de estos no le estáis ayudando.

Pero, más delito, tienen esas mismas categorías cuando hablamos de entrenadores: entrenador ultra que se cree el Cholo Simeone, entrenador frustrado, el Phil Jackson de turno, entrenador agente de sus propios jugadores, entrenador ‘show me the money’ y me dan igual los chavales…y el entrenador niñera. ¿Con cuántos de estos os cruzáis cada semana o jornada?

De los padres metidos o reconvertidos a entrenadores, mejor les dejamos para otra ocasión.

Si en el mejor de los casos tenemos un equipo que entrena 4 días y tiene un partido, estamos hablando que el 80% del trabajo semanal lo hacen en los entrenamientos, mientras que el 20% es los partidos. Si nos vamos a un equipo con 3 días de trabajo es un 75%-25% y si entrenan 2 días, un 66,6%-33,3%…

Como dijo un sabio entrenador croata un tanto falto de pelo en su cabeza, podemos establecer un paralelismo entre una academia de inglés y el baloncesto. A una academia, los padres llevan a su hijo para que le enseñen todo sobre el idioma. En el basket, es lo mismo. Durante la semana les hacemos el “curso” y el partido sería el diploma de la academia.

¿Por qué nos piden un diploma si se inscriben para el curso? Es un premio al trabajo y capacidades de cada uno. No podemos actuar por compensación, igualando… porque estaríamos siendo tremendamente injustos tanto con los que merecen más como con los que merecen menos.

Zapatero a tus zapatos. ¡Feliz agosto y…a por la 2019/2020!

Esteban Novillo Peláez
Periodista/Entrenador Baloncesto

 

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